¡La Placenta y sus superpoderes!
por: Ana María Palau
@ana.infinita
¡La placenta y sus super poderes!
Placenta y comunidad
En diferentes culturas la placenta es
cuidada y enaltecida como parte fundamental del nacimiento humano,
otorgándosele diferentes cualidades: protectora del bebé que va a nacer, mediadora
entre los designios del cielo y las características energéticas o espirituales
del ser que le conectan también con su territorio, cultura e idiosincrasia.
La placenta ha sido considerada
como un elemento sagrado de conexión entre la tierra y la vida en numerosas culturas,
siendo una característica particular de las sociedades Maorí, Navajo, Luo,
Thai, Kikuyu, entre otras. (Herrera, 2017)
Existen diferentes prácticas
culturales en torno a la placenta. En muchas comunidades indígenas la placenta
se siembra. En la comunidad Misak es normal sembrarla cerca al fogón, para que
este calientita y la persona recuerde siempre de donde es. En un taller que realice junto con algunas
parteras Misak hablando de violencia obstétrica, ellas decían que cuando los
bebés nacían en el hospital fuera de su territorio y no les entregaban la
placenta, estaban desconectando a ese ser de su pueblo, y se hacían la pregunta
si era por eso por lo que tantos jóvenes Misak se estaban yendo del territorio,
porque sus placentas ya no estaban sembradas junto al fogón de sus casas.
En el pacífico colombiano algunas
mujeres se refieren al consumo de la placenta como algo natural
(ASOPARUPA, 2017), en este territorio se habla de “ombligar”, a la siembra que
se hace del cordón y la placenta, también a la forma con que se cura el cordón
con las propiedades de un animal o planta. Al enterrar la placenta se enraíza a
la persona con sus costumbres, territorio y comunidad.
Ombligarse es una forma de ligarse
con el territorio, más allá de donde nos encontremos, o los caminos que
recorramos, las y los ombligados sabemos que nuestras vidas y conocimientos
están hermanados con el territorio. (ASOPARUPA, 2017)
En otros lados del planeta, los
pueblos tribales Igarot de Filipinas nos relata Lim (2010) cuelgan la placenta del bebé recién nacido en
lo alto de los árboles “así el bebé será un espíritu que volará libre”
Poder alimenticio y
genético
Tras el nacimiento los beneficios
de la placenta a nivel nutricional pueden ser muy importantes. Cada vez hay más
estudios que nos hablan de las propiedades de la placenta como medicina a
partir de su consumo.
La placentofagia es una constante
en todos los mamíferos a excepción de los humanos. Yo me pregunto si en algún
momento de nuestra evolución dejamos de consumirla tras el parto, si existe un
eslabón perdido en esa práctica que al parecer en los animales mamíferos es un
resultado natural después del parto. Y lo pienso porque los descubrimientos
acerca del gen PEG3, El Doctor Sánchez Suarez (2008 - 2015) nos
muestran que tanto el “saber cómo parir” así nunca se haya hecho antes, el
consumo de líquido amniótico durante el parto y el de la placenta tras el parto,
son influencia de la presencia de este gen.
La Amniofagia (ingestión de su
propio líquido amniótico) y la Placentofagia (ingestión de su propia placenta
una vez esta es alumbrada) son comportamientos inducidos por el gen PEG3 en los
mamíferos hembra. (Sánchez Suárez, 2008)
¡¡¡¡Este gen PEG3 se encuentra en la placenta, pero también en el ADN humano!!!! Y es compartido a través de la línea paterna en todos los mamíferos.
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Entre esas funciones nutricionales
esta su alto contenido en hierro y, vitamina K, lo que podría ayudar a las
madres con anemia, y también a prevenir hemorragias. En el parto muchas
parteras tradicionales hablan de colocar un pedacito de placenta debajo de la
lengua de la mamá tras su alumbramiento para evitar una hemorragia. En este
sentido la ciencia sigue corroborando las prácticas ancestrales de nuestras
parteras milenarias.
La leche materna es baja en vitamina K, es por eso por lo que tras el nacimiento muchas instituciones de salud tienen como práctica colocarle vitamina K al recién nacido. Se sabe que tras el consumo de placenta la vitamina k puede llegar a través de la leche materna al bebé en mayor cantidad que la habitual. La placenta no solo es rica en vitamina K, hierro y demás vitaminas tan necesarias para la reconstitución materna y del recién nacido, sino que posee una cantidad importante de hormonas destinadas posiblemente a compensar el gran déficit hormonal (Sánchez Suárez, 2008) que se produce en el organismo materno tras el parto, que se ha relacionado con el posible origen de la depresión postparto.
Entre las hormonas que están presentes y que tienen una función importante tras el nacimiento se encuentra el lactógeno placentario, que en el embarazo promueve el desarrollo de las glándulas mamarias y tras el nacimiento, su consumo ayuda en la producción de leche materna. Y el opioide placentario: “Placenta Opioid Enhancing Factor” (POEF), que permite mermar la sensación de dolor. El (POEF) también está presente en el líquido amniótico, lo que facilita a los mamíferos transitar el dolor durante el parto (lo hacen los animales cuando consumen el líquido amniótico) y en el posparto. Es sabido que el consumo de placenta puede facilitar la recuperación hormonal tras el parto, siendo un factor protector frente a la depresión posparto.
Las hormonas que encontramos en la
la placenta:
Estrógenos placentarios,
progesterona placentaria, hormonas proteicas como la Gonodatropina coriónica
(hCG), Lactógeno placentario humano, adenocorticopropina coriónica (cACTH)
y (POEF) Placenta Opioid Enhancing
Factor, de la cual se derivan betaendorfinas,
betalitropopinas, relaxina, tirotropina coriónica (hCT), hormonas similares a las hipotalámicas( GnRH,
TRH, CRH, somastotanina), inhibina y proteínas específicas del embarazo
(Sánchez Suarez, 2008)
El espíritu de la placenta
En estos años que llevo trabajando
con medicina placentaria, y acompañando a las madres en sus partos y
alumbramientos, reconozco la fuerza y misterio de la placenta. La reconozco también como dice Robin Lim (2010)
como un chakra (centro energético) que conecta a los seres con su fuerza, y su
propósito en esta tierra. La placenta es un órgano intermediario entre el cielo
y la tierra, necesaria para llegar a este mundo. Si lo veo de una manera
espiritual he pensado que la placenta es un espíritu protector del bebé, que
tras su nacimiento le acompañará por el resto de su vida.
Robin Lim en su libro “Placenta el
chakra olvidado” (2010), describe muchos de las cualidades e inteligencia de la
placenta para preservar la vida, desde el desarrollo de sustancias que protegen
la gestación, como la neuroquinina B que permite que el cuerpo no rechace el
embarazo y otras sustancias que se desarrollan desde que empieza la gestación
hasta el nacimiento y su manera poderosa de seguir enviando nutrientes, oxígeno
y vitalidad al bebé que acaba de nacer. Las
parteras tradicionales dentro de su sabiduría innata han sabido que no se debe
cortar el cordón umbilical inmediatamente tras el nacimiento. Esta conexión de
bebé con la placenta, son reservorios de vida que le permiten adaptarse de
mejor manera tras el parto. La evidencia
científica lo vuelve a rectificar.
Me parece poderosa la reflexión que
hace Lim (2010) sobre el cuidado de la tierra, a través del cuidado de la placenta.
La conexión que se pierde tan abruptamente en el nacimiento con nuestra
placenta puede ser una causa de la desconexión que como seres humanos tenemos del
planeta. Y muchas personas incluyéndome, podemos estar toda una vida en la
búsqueda de esa conexión con lo vital.
Entonces honrar la vida es honrar
el vientre de la madre tierra, de la madre mía, mi vientre y las placentas que
lo han habitado. Hay una partera muisca
que nos canta las placentas que quedaron olvidadas. Espero que ese canto
trascienda los espacios y caigan sobre la tierra semillas de esperanza.
En este sentido sembrar la placenta
es mucho mas que devolverla a la tierra, es una manera de conectarnos con su
misterio y de agradecer por su sabiduría y protección.
La placenta entonces es un vórtice de vida que nos permite la vida, que nutre al ser humano en múltiples aspectos, desde lo relacional con su comunidad y territorio, lo nutricio en términos de alimentación, y la sabiduría ancestral que esta presente en su espíritu protector.
Ana María Palau
Partera Mestiza
@ana.tierrafertil
Referencias:
ASOPARUPA, (2017), PLAN ESPECIAL DE SALVAGUARDIA DE LOS SABERES ASOCIADOS A LA PARTERÍA AFRO DEL PACÍFICO
Herrera, (2017), La placenta mucho más que un órgano funcional, IUS ET SCIENTIA (ISSN: 2444-8478) 2017, Vol. 3, nº 1, pp. 63-78. Recuperado de: http://dx.doi.org/10.12795/IETSCIENTIA.2017.i01.07
Purizaca-Benites, (2009) La placenta y la barrera placentaria, Rev. Per Ginecol Obstet. 2008;54:270-278.
Sánchez Suárez, (2015), Influencia
de la Reincorporación Oral de Placenta (ROP) autóloga tras el parto, en la
evolución bioquímica sanguínea y láctea, Universidad de las Palmas de Gran
Canarias.
Sanchez Suárez, (2008), La placenta
humana, sabiduría genética, instinto inteligente, Rev. Gen – T N. 3,(pág, 21 –
26).
Recuperado de: https://issuu.com/euroespespublishing/docs/www.gen-t.es/20
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Que grab aporte este blog y el trabajo que realizas. Para mi es un gran tesoro encontrarles. Me gustaria saber más de como puedo solicitar y conservar como utilizar mi placenta por el bien de mi bebe que está por nacer, no tendré la oportunidad de tenerlo con partera y estoy haciendo todas las solicitudes médicas con Eps y clínica, en nuestro país no es tan fácil aún hay mucha violencia obstétrica.
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